6.7.13

Una vez más, el mismo cuento.


De corazones rotos ni hablar. Volví a caer en la misma trampa. Pero esta vez el conquistador me engatusó con otro tipo de cuentos. Claro, no iba a ser tan tonta de dejarme llevar por lo típico. Se la rebuscó para encontrar mis debilidades ese punto "G", supo saber que me hacía feliz y que me lastimaba. Jugó sus cartas con el fin de ganar. Luego de un par de meses lo logró y entro en mi corazón, que frase tan cursi, mejor digamos que consiguió los besos que necesitaba para saciar su sed de ganador.
Alto, delgado, cabello castaño claro, ojos miel y una interesante sonrisa que incitaba a morder. No puedo explicar con palabras lo bello que era mirarlo a los ojos y sentirme querida. Lo que no sabía era que el lobo estaba llevando a caperucita por el bosque. No sólo se iba a robar la canasta, sino que también se iba a robar varios "te quiero". ¡Pero claro! Todos nos dejamos llevar por los deseos y por lo pasajero cuando un lobo tan atractivo se acerca a ofrecer un momento agradable.
El lobo me atrapó, me disfrutó y después me abandonó. No me quejo, las cosas que sucedieron fueron hermosas, o quizá si me quejo, todavía no lo descubrí.
Me dijeron que estoy enojada con migo misma por fracasar y no lograr endulzar al bello lobo, sin embargo, cuesta admitir que no logré obtener lo que anhelaba. 
Que lindura y paz me da volver a escribir. Voy a citar esas frases de amigas que se van a despedir y dicen "que no se corte eh!". Lástima que casi siempre se corta. Supongo que es un nuevo comienzo, vuelve la insulsa Nina, siempre el misma tema, que pena y que monótono ser así.
Espero que sea un hasta luego.

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